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El Primer Sitio en Línea de la Costa Chica

Rehilete

Por: Francelia Jáuregui Rodríguez

“Ya todo me da risa”

Hoy más que nunca, luego de que a los guerrerenses se nos acotaron al mínimo las opciones políticas, surge la necesidad de que el sistema electoral mexicano contemple las candidaturas ciudadanas. Como ciudadanos tenemos el derecho de tener opciones de participación política más allá de los partidos. Imposible seguir igual que ahora, en que se le ha puesto precio a la voluntad popular. En este momento la partidocracia evidencia su verdadero rostro mercantilista y la verdad asoma cruda en la decisión que tomaron los perredistas para llevar como candidato a un ex gobernador del PRI, pudiendo haber elegido de entre sus propias bases.

No en balde los perredistas duros, molestos, decepcionados, están corriendo la voz para no ir a las urnas. De votar por el PRI a votar por el PRI, mejor nos quedamos en casa, dicen con vergüenza, sin considerar que a sus dirigentes nada los ruboriza.

El gobernador ya lo dijo: luego de esta ignominiosa traición al movimiento de izquierda, no queda más que volver a los movimientos sociales. Ese reto es para la sociedad, en la cual radica la verdadera fuerza, el verdadero poder político, el cual se entrega cada cierto tiempo en las urnas a individuos cebados en el cinismo, la riqueza mal habida y la mentira.

Lástima que Zeferino Torreblanca no se ocupó de contribuir a esa reorganización del tejido social de Guerrero, el estado que ha estado gobernando desde 2005. Quiso, pero no lo logró, hacer que los ciudadanos se emanciparan políticamente, pero eso solamente se consigue a partir de bases educativas sólidas y luego de un largo proceso de reeducación en los valores de la libertad y la democracia.

Con su movimiento político, la Izquierda Renovadora, el gobernador se metió en el mismo saco que los sujetos que ahora vendieron al partido. No se dedicó a reorganizar a las bases sociales en torno a un proyecto renovador, lo cual los ciudadanos le hubiéramos agradecido enormemente, sino que se puso a competir por cargos públicos sin haber siquiera madurado en la conciencia de las bases esa opción. El resultado fue también desastroso y terminó por cancelar una buena oportunidad para los ciudadanos.

La Izquierda Renovadora fue arrancada de tajo de la estructura del partido en 2009. Zeferino Torreblanca hizo una declaración anulándola, y llamó a los jefes de las tribus a hacer lo mismo, que antepusieran sus intereses de grupo y personales, y privilegiaran los del partido. Nadie le escuchó. A esas alturas ya el gobernador supo que no tenía liderazgo alguno al interior del PRD, oportunidad que también desperdició, porque teniendo el poder y el dinero pudo haber conciliado en lugar de haber confrontado. Los que perdimos fuimos los miembros de la sociedad civil.

El gobernador canceló la Izquierda Renovadora porque se dio cuenta que era una tribu más; sus miembros no eran los mejores hombres del partido, sino individuos que se creyeron la mala historia de que eran los hombres del gobernador, y comenzaron a magnificar sus errores. Solamente él no se dio cuenta.

En su momento, desde este espacio, critiqué duramente esa decisión de enquistar una nueva tribu en el PRD, usando y abusando del poder de un gobernador, y haciendo uso casi en forma chantajista de individuos formados en otras tribus y que también eran hombres empoderados, como alcaldes, diputados, funcionarios de su administración; los cuales, luego de haber traicionado a sus grupos, se quedaron huérfanos automáticamente cuando se les cortó la transfusión sanguínea desde Casa Guerrero. Se dieron cuenta que el gobernador no vive ni muere por nadie, y los dejó al garete.

Otra oportunidad que perdió el gobernador, sucedió hace apenas unos meses, cuando mandó llamar a los precandidatos para informarles que se sumaría Armando Ríos Piter, su ex secretario de Desarrollo Rural, a la competencia por la candidatura. Su argumento es que Armando “tenía derecho”.

Pero no se conformó con eso. Zeferino Torreblanca puso a disposición del Jaguar de la Costa todo el aparato de la administración estatal, lo cual provocó ira entre el resto de los precandidatos que, sabían, estaban compitiendo en condiciones desiguales. Desde ahí, la unidad quedó del todo cancelada, porque entonces el enemigo a vencer al interior del partido fue el Jaguar, el hombre del gobernador. Los precandidatos no quisieron levantarle la mano a un zeferinista, y optaron por besarle el anillo papal a un expriísta. O sea, el clásico de los delincuentes: ni tú, ni yo, mejor mi compadre. ¿Qué habría ocurrido si el gobernador se hubiera amarrado un huevo y no hubiera cedido a la tentación de nombrar a su sucesor? Esta historia sería distinta. Pero el hubiera no existe. Lo menos que puede hacer Zeferino Torreblanca es reconocer que él es en parte responsable de que ahora el candidato de la izquierda sea el corrupto Ángel Aguirre, como él lo describió en una entrevista radiofónica, dando pormenores del gobierno de excesos que privó entre 1996 y 1999.

Después de las declaraciones del gobernador en torno a la imposición de Aguirre, suponemos que, si bien son valiosas, ya nada solucionan. Él mismo lo dijo: “Ya todo me da risa”. Igual que Fox, que en sus últimos días de gobierno lanzó aquello de: “Ahora puedo decir lo que se me venga en gana”.

Siga riéndose, señor gobernador.

 
 
 
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