JJJ, el Caballo de Troya del aguirrato
Para los que conocen al gobernador Aguirre, saben que es como la aventurera, que a todos les dice que sí, pero no les dice cuándo. Así, junto cuando ya estaba en plena calentura, al Chapulín Robles Zacapala le cayó como baldazo de agua fría el surgimiento, como aspirante del grupo Amigos de Aguirre, de Juan José Jiménez, alias El Médico Cuache, quien es hermano nada más y nada menos que del amo de llaves de Don Ángel y Doña Laura, allá en Chilpancingo. Y ahí, sí, como dice el dicho, nadie se puede pelear con la cocinera.
Si a alguien le afectó el surgimiento de JJJ Cuache como aspirante a la presidencia municipal de Ometepec, fue precisamente al Chapulín Robles Zacapala. A nadie perjudica tanto el proselitismo del médico Cuache como al que ya sentía que tenía la candidatura perredista en sus manos porque gozaba del padrinazgo del hijo y de la hermana del gobernador.
La desazón y el coraje de Robles Zacapala se evidenció durante la reunión con Sofío Socorro Ramírez Hernández, el pasado sábado, que más que un encuentro con el aspirante a senador, se trató de una pasarela política de los "Amigos de Aguirre". Sofío sabe que su evento fue usado, y más que fortalecerlo lo debilitaron.
El que hizo de tripas corazón fue Humberto Zapata Añorve, el secretario de Desarrollo Rural y el jefe máximo del Grupo Aguirre en Ometepec, porque para nadie es un secreto que ha hecho su apuesta en el Chapulín Robles Zacapala.
Beto Zapata tuvo que hacerla de réferi y apaciguó los ánimos entre el rudo Chapulín Robles Zacapala, y el técnico Médico Cuache, pero no pudo evitar que el desencuentro se convirtieran en la comidilla del día y hasta la fecha aún no se olvida.
Entre tanto, los perredistas continúan en caballo de hacienda, salvo Eloy Jiménez Molina que, se sabe, está empeñado en ser él el candidato no obstante que las encuestas le son adversas, y ha boicoteado las reuniones de unidad.
De hecho, None Vázquez, Lalo Basilio y Víctor Navarro ya tienen acuerdos que marcarán el proceso de julio próximo y será el mes de marzo cuando se conozca si el gobernador Aguirre acatará los lineamientos democráticos que sustentan a su nuevo partido o forzará la situación en su natal Ometepec para empoderar a uno de los suyos. Si es lo primero, no se duda que la alcaldía será retenida por los perredistas. Pero si el Grupo Aguirre cae en la tentación de la imposición, deben saber que está en ciernes una fuerte escisión que beneficiará directamente al PRI.
Y a los disidentes nadie podrá culparlos. Porque si en 2010 el gobernador, alegando la imposición de su primo Manuel Añorve, dejó al PRI de sus amores, en el que militó por más de 30 años y escaló todos los cargos políticos posibles, para ser impuesto como candidato en el PRD, un partido en el que se hizo militante después de que asumió el cargo de gobernador, ¿con qué cara los aguirristas llamarán traidores a aquellos a los que tan sólo han utilizado para conquistar y sostenerse en el poder?
La disidencia que está ahí latente, es la única opción que tienen en este momento los perredistas ometepecanos, una vez que se cumpla el proverbio que exclama ¿quién a tu casa llegará y de ella te echará?
Máxime ahora en que el presidente municipal del PRD, Severiano Jiménez, ha declarado que su partido arropará a los candidatos externos. Por cierto, resulta netamente chocante la nueva actitud de Severiano, considerando que durante la campaña para gobernador se retiró del trabajo político, demostrando de ese modo su inconformidad por la nominación de Ángel Aguirre como candidato a gobernador, y fue suplido en cuerpo y alma por el entonces secretario general, Eduardo Basilio Melo.
Siempre será sospechoso el cambio de discurso, porque forzosamente implica un cambio de intereses.
Así, pues, amable lector, las elecciones locales en ningún otro lugar serán tan interesantes como en Ometepec, la tierra del gobernador. Aquí, como en ningún otro municipio, el priaguirrismo tendrá que demostrar de qué tamaño es su compromiso con la democracia, o mostrar el cobre del cacicazgo político y evidenciar que nunca les importó su nuevo partido, salvo en la medida en que representa el salvavidas que necesitaban para mantenerse a flote.
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