Aneh, tlahtocuicani (Adiós poeta)
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento
Miguel Hernández
Adiós poeta, te dijeron desde La Jornada…
Yo en cambio espero, Carlos,
que sea un hasta luego.
El quebranto nos cubre, Carlos,
nos abruma,
nos deja en la orfandad y sin palabras.
Tu marcha prematura, Carlos,
ha sido trueno que nos deja estremecidos,
desnudos y en pleno desamparo.
“(…) No nos vimos nunca, pero no importaba (…)”
le dijo el ché Cortázar a su hermano El Ché,
para así decirle cuánto lo quería.
Cómo decirte a ti, poeta,
con qué palabras acercarme a ti
saltándome el abismo de la muerte.
Puedo intentar decir que al tú marcharte
tu ausencia se volvió mar en mis ojos,
carencia de aire
Que al saber apenas de tu muerte
los días por venir se hicieron largos,
inhóspitos y extraños.
Sé que no habrá consuelo al desconsuelo
para quienes son como tú (lo sabe Brecht),
no hay reemplazo
Queda la inmensa luz de tu recuerdo
tu ejemplo y guía…
¡Aunque no tú, no tú!
Gracias Carlos Montemayor por tu legado,
por tu amor compartido,
por tu entrega entrañable.
Aguardando el reencuentro
los que acá nos quedamos,
buscaremos honrarte, ahora y siempre, Carlos. |