SE DESGASTA EL GOBERNADOR y se desgasta en vano. Hay quienes dicen que está dolido porque los jefes de las tribus perredistas, inmorales todos, prefirieron imponer a un priísta como candidato que al candidato del gobernador; este miércoles, en Tlapehuala, negó haber apoyado al ex secretario de Desarrollo Rural, Armando Ríos Piter en su aspiración por lograr la candidatura: “No apoyé a ninguno, me lo crean o no, tengo los suficientes tamaños para reconocer cuando hago una cosa”.
El mismo Ríos Piter prefirió levantarle la mano a Ángel Aguirre que declinar por alguno del partido que tanto le prometía. Al final le dio la razón a sus contrincantes, quienes lo acusaban de acomodaticio.
Pero ya no hay opciones. A la estructura del partido y a la base se les enfrentó ante hechos consumados, y ahora tienen la opción de parir o reventar.
La gran mayoría, incluidos los zeferinistas, aceptan que les han llamado hasta para mentarles la madre. La gente de la base se siente utilizada. Y ante esa vergonzosa realidad, los dirigentes, incluidos los zeferinistas, se fueron por la fácil: no van a votar por el candidato, van a votar por el partido.
¿Qué quieren decir con eso? El partido no es un individuo, es una organización social conformada por miles de personas, miles de militantes y otros tantos miles de simpatizantes por la propuesta plasmada en estatutos revolucionarios y democráticos. Es decir, mienten los jefes políticos como el zeferinista Julio Ortega Meza, cuando trata de confundir a los incautos, señalando que no apoyará por Aguirre, pero sí votará por el PRD. ¿Y qué no es la misma gata revolcada? ¿A quién beneficiará ese voto en particular? A Aguirre, señor Ortega, nunca al partido.
El PRD no necesitaba un mesías del PRI para mantener la gubernatura. Bastaba con que los 5 precandidatos, algunos malos y otros menos peores, se dieran la oportunidad de ponerse de acuerdo, precisamente por respeto al partido. A esos que ahora dicen que votarán por el partido, mostrando una lealtad muy contradictoria, cabría preguntarles si ese mismo partido no merecía la oportunidad de llevar una candidatura de unidad eminentemente perredista. Por lo tanto, resulta hipócrita cualquier aclaración buscando el escudo del partido.
A propósito, ¿cuál fue la ganancia del PRD ungiendo a un priísta? Prácticamente todos los aguirristas siguen en el PRI. Ni los 8 diputados locales, ni los tres diputados federales, ni los veintitantos alcaldes que anunció el incauto de Misael Medrano que se harían al perredismo, han salido de su partido.
Ya hasta el dirigente estatal del PRI, Efrén Leyva Acevedo, los corrió literalmente y les dijo que se fueran, que la puerta estaba muy amplia. Pero ellos, indignados, respondieron que quieren diálogo de unidad, no cajas destempladas. O sea, chaqueteros como son, promoverán la figura de Aguirre pero no dejarán el PRI. Y es que lo saben aunque no lo digan: Aguirre sigue siendo priísta. ¿No es esa la mejor muestra de firmeza política? Los aguirristas saben a lo que van. Quieren el poder porque dicen que con el senador como gobernador quedarán todos en buena posición, pero eso no significa que vayan a quemar sus naves por el PRD.
Ni siquiera el diputado Sofío Socorro Hernández Ramírez, el gato más cercano en este momento a Ángel Aguirre, se ha declarado perredista.
Bueno, para terminar más rápido esta discusión, ni siquiera Ángel Aguirre Junior ha dejado el PRI. Su papi ya es el seguro candidato de la izquierda, y el junior sigue en la poltrona del distrito 08 en la Cámara de Diputados, con el pin del PRI en la solapa.
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