Recién salió el libro: “2008: el año que fuimos ricos” de Marcos Morón, una suerte de anuario imprescindible y lisérgico, que recopila las noticias más delirantes del año en el mundo, teñidas de fino humorismo.
Revisando lo de Morón, se me vino a la mente que algo parecido necesitamos los mexicanos, para liberar el estres que nos ha dejado este sangriento 2008.
El título no se me ocurre. Son tantos los problemas a destacar, que nos quedaríamos cortitos con las propuestas. Pero es el asunto de la inseguridad, más incluso que el de la crisis económica, el que resaltaría del resto.
Hay muchas cosas que pasaron en el año 2008 en este país al que le estalló en la cara una guerra, la más temible de todas, la del narco con el Estado.
Y usted, amable lector, probablemente se haya perdido, ya sea por distraído o porque no tiene la posibilidad de echar un vistazo a la prensa, de los hilos rojos de este cubrecama con el que ahora intentamos taparnos el miedo.
O tal vez son tantos los muertos, que llegó un momento en que ya no son noticia. Ahora mismo, analice su conciencia. Se dará cuenta que ya no es noticia que a algún ciudadano lo maten a balazos, simplemente. En una segunda fase nos hicimos adictos a las ejecuciones tipo Hollywood, donde rafaguean a la gente de carro a carro. Pero ahora, tres años después, la noticia atractiva es la que está inyectada de alevosía y saña.
Desde la aparición de los 24 muertos en La Marquesa, cualquier otra ejecución sumaria ya no provoca impacto, a menos, claro, que los ejecutados sean personajes de rango, o que la muerte la hayan encontrado en condiciones de extrema crueldad. Esta sería una época perfecta para Jack el destripador. Al parecer, el buen Jack se adelantó a su tiempo.
¿Pero a diferencia de Morón, los mexicanos cómo podremos ver este destripadero con humor? No es lo mismo cuando los de Tlatelolco decían a los de San Juanico: “Como ustedes no nos invitaron a su reventón, nosotros no los invitamos a nuestra movida”, a propósito de las explosiones de instalaciones de Pemex y del terremoto del 85.
No es tampoco como el caso de los gringos, que pasado el terror de Osama Bin Laden y su 11-S, ahora se congracian con decir que Bush prepara sus baterías de guerra para dejarle el país en banca rota al primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos de América.
Comparado con lo que de México puede surgir, ese es el más insulso humor blanco.
Yo repaso los diarios, me bebo los semanarios en busca de un poco de humor en medio de este mar de sangre. Pero parece que se nos agotó, a nosotros los mexicanos que somos tan proclives a reírnos de nuestras desgracias, que no dudamos en hacer chistes hasta de Dios y sus ministros en la tierra, de la sagrada suegra; de la mujer virgen, ya tan escasa en estos tiempos. Bueno, hasta la canción de La Guadalupana la hicieron parodia, a propósito de la venta masiva de cerveza y enervantes.
Pero sin duda, mientras Morón se mofa de la crisis diciendo que 2008 fue el año en que fuimos ricos, para los mexicanos no hay parodia, ni chiste que nos valga.
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