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El Primer Sitio Online de la Costa Chica

Bajo tortura, PGR declara “secuestrador” a un joven maestro igualteco

 

 

 

Marchan familiares del profesor

*Marchan sus familiares para exigir su liberación

JONATHAN CUEVAS
IGUALA, GRO.

Ciudadanos de Iguala marcharon y protestaron a las afueras del Ayuntamiento para exigir que cesen los abusos de la Gendarmería Nacional cuyos elementos fueron acusados de extorsionar, abusar y agredir física y moralmente a los habitantes de esta ciudad.
En la movilización denunciaron el caso de un joven detenido y acusado de secuestro que, según los familiares, fue torturado en la Procuraduría General de la República (PGR) para declararse culpable.

La marcha

Estremecido por el dolor, el maestro Cristóbal Salgado Olea encabezó la marcha. Cuando tomó el altavoz lanzó una enérgica invitación en la principal avenida de la ciudad: “¡Qué esperan ciudadanos! ¿Qué les secuestren a un hijo? ¿Qué les levanten a un hermano? ¿O qué pierdan a un padre o madre de familia? No creo. Es el momento, es tiempo (de protestar)”.
El llamado parecía a la vez un reclamo, pues a la movilización que convocó acudieron solamente cerca de 50 personas armadas de valor. Pareciera que el resto de los ciudadanos están hundidos en el miedo, como antes, cuando gobernaba el grupo criminal conocido como “Guerreros Unidos”. 
Varios de los asistentes estaban ahí por una combinación entre coraje a las injusticias y amor a sus familiares, porque también han sido víctimas de la delincuencia organizada o, de las propias fuerzas de seguridad, estatales o federales. 
Mientras avanzaba, Cristóbal alzaba más la voz. Detrás de los lentes que cubrían sus ojos, el color rojo abundaba. Y de repente las lágrimas estaban a punto de salir, pero se contenía. Su voz también se quebraba por momentos. El dolor y la impotencia eran evidentes.

Y así caminó junto al grupo de 50 personas que guardaban sentimientos similares. Partieron desde el monumento a la Patria Trigarante, tomaron la principal avenida de la ciudad, Bandera Nacional. Unos 40 minutos después, cerca de las 18:30 horas, llegaron al centro de la ciudad.
Frente al Ayuntamiento detuvieron la marcha y, Cristóbal gritó: “Mi familia moralmente está siendo avasallada. Pero no nos vamos a dejar. He acudido a las instancias de derechos humanos estatales, a las nacionales y estoy haciendo todo lo que está a mi alcance por mi hermano”.
Y continuó: “Tal vez no sientan este dolor y no se los deseo. Pero no nos debemos de quedar callados y esto va a continuar hasta que él esté de nuevo nuevamente con nosotros”.
Enseguida agradeció a las personas que los acompañaron a la movilización de este miércoles. Resaltó que quienes estaban ahí en apoyo a la familia, “saben que él (su hermano de nombre Rolando) es incapaz de cometer un secuestro”.
También dijo frente a todos que su hermano fue víctima de una tortura. Así obtuvieron las autoridades federales la firma en una declaración que él no hizo. A la PGR le dijo que si no quieren o no pueden hacer valer la justicia, entonces el pueblo y la familia de Rolando, se hará cargo de hacerla valer.
Otra de las personas que participó, reclamó al gobierno federal que, lejos de tener mayor seguridad a raíz de los hechos del 26 de septiembre en Iguala donde fueron asesinado y desaparecidos normalistas, los ciudadanos han quedado “a merced del hampa”.
Y es que acusaron a la Gendarmería Nacional de estar cometiendo abusos, sobre todo inventando multas a automovilistas y motociclistas para “sacarles” dinero, pero de forma corrupta pidiendo dinero para los elementos a cambio de cancelar las infracciones.
También los acusan de amenazar y golpear a los igualtecos. A algunos, se les imputan delitos sin tener elementos necesarios para ello, según se quejaron los marchantes.
Por otro lado, el crimen organizado opera impunemente, igual o peor que antes del 26 de septiembre, dicen los inconformes. “A partir de aquel momento (26 de septiembre), no ha hecho ninguna mejora la Gendarmería, menos con esos cobros (fuera de la Ley) que hacen por las multas. No vemos en qué aplican el dinero que les llega y que quitan a los ciudadanos de Iguala. Solo fungen como agentes de Tránsito y no como policías que vigilen, que cuiden y protejan a la ciudadanía”, destacó otra persona a través de las bocinas. 
La marcha concluyó en la parroquia de San Francisco, a una cuadra del Ayuntamiento. Ahí, los que marcharon hicieron una oración para pedir la pronta liberación de Rolando Mauricio Salgado Olea, el joven detenido arbitrariamente y obligado a declarar bajo tortura. 

Caso Rolando

Rolando tiene 30 años de edad. Es oriundo de esta ciudad y estudió una licenciatura en Educación Preescolar en la normal Juan Ruiz de Alarcón. Sin embargo, no ejercía su profesión y, este mes había realizado un examen de oposición para tener derecho a una plaza.
Aprendió el oficio de electricista desde hace nueve años aproximadamente, según cuentan sus familiares. Era a lo que se dedicaba y, según dicen, era un joven “común”, como cualquier otro, pero que no estaba ligado a grupos del narcotráfico ni de secuestradores.    
Rolando fue detenido el martes 21 del mes en curso, sobre la calle Santos Degollado, a unos metros de donde vive. A la familia le informaron de la detención hasta el miércoles 22 a las 15:00 horas.
En ese momento, su hermano Cristóbal acudió a Ciudad de México para saber de la situación legal, pero no le informaron nada y, le permitieron ver a Rolando hasta el jueves, es decir, dos días después de la detención.
La familia no tiene más datos al respecto. Ni siquiera saben con qué secuestro se le está vinculando a Rolando. Lo que sí saben y han podido observar es que desde la detención, el joven ha sido víctima de abusos de autoridad y falsas imputaciones.
Afirman que no tienen la seguridad de que haya sido la Gendarmería quien realizó la detención de Rolando, aunque ésta corporación se la adjudica.
También han observado que el ahora detenido ha sido golpeado y, dicen tener la seguridad de que fue torturado para firmar una falsa declaración donde acepta haber competido un secuestro.
Cabe mencionar que no es el único caso de declaraciones bajo tortura que se denuncia en este país. Hay un sinfín de casos y en Iguala también hay bastantes, solo que aquí la gente está hundida en el temor al crimen organizado y a las autoridades. 

 
 
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