*La generación 1964-1965 de la Escuela Primaria Federal “Emiliano Zapata” se reencontró después de más de 46 años de haber compartido un aula
Con gran éxito, tuvo lugar el reencuentro feliz de la generación estudiantil 1964-1965 de la Escuela Primaria Federal “Emiliano Zapata” de San Luis Acatlán, para satisfacción de los organizadores.
Reunidos en un conocido restaurante de esa cabecera municipal, los estudiantes de la Zapata en aquellos años de la posguerra, aprovecharon el inolvidable momento para compartir las experiencias vividas y los logros realizados.
Una mensaje de bienvenida colgaba en la puerta del lugar de reunión, como un abrazo grato y tantas veces atrasado. La fiesta era muy tierna y el programa macerado en la espontaneidad fraternal. Las emociones y sentimientos almacenados por muchos años, se desbordaron por el río grande y el río chiquito, como en aquellos tiempos de su infancia precoz. Los estudiantes, ahora abuelos, se embragaron cada uno con los detalles de su vida.
Formalmente se hizo el pase de lista. Los sobrevivientes de esa generación dijeron solemnemente "presente" en esa cita con el pasado lleno de anécdotas, risas, encantos y referencias. Entraron todos, sin excepción, por la puerta grande de sus propios sentimientos.
La esencia e inocencia de sus formas y fondos permanecieron intactas en sus rostros, a pesar de no verse, en algunos casos, en 46 años. Emociones a granel que bañaron de alegría a cada niño interior que todos llevan dentro.
En su danza por la vida, los estudiantes encontraron diferentes habilidades desarrolladas, marcadas todas ellas por un destino divino, incuestionable: abogados, ingenieros, contadores, educadores, empresarios, agricultores, ganaderos, comerciantes y un ramillete de lindas amas de casa.
Desde la perla tapatía se hizo presente en el restaurante la voz del profesor Manuel Santana Delgado, con sus remembranzas y sus buenos deseos de éxito en la vida que todavía resta. Fue un enlace telefónico plastificado por el romance emotivo entre mentor y alumnos, que revivió la flama del pasado escolar.
Para que el pasado quedara atrapado en sus vidas presentes, a cada uno de los asistentes se les entregó una fotografía autografiada de la generación 1964-1965 del 6°año, de los alumnos egresados de la Escuela Primaria Federal “Emiliano Zapata”. Los aplausos llovieron sobre los escombros de sus almas, al recibir ese bello recuerdo.
Entre risas, llantos esbozados, emociones varias de los asistentes, se dispusieron a recordar anécdotas, méritos, apodos, momentos personales y académicos que vivieron en ese pasado que no volverá, y que soltaron una carretada de risas y aplausos.
Hermosos arreglos florales que no mitigaban la pérdida del hijo, hermano o familiar, fueron entregados a los familiares presentes de aquellos que ya no esperaron este momento, y atendieron el llamado del señor. Esas flores serían depositadas en las tumbas de los suyos, como un homenaje póstumo de sus compañeros de generación.
Al final, nadie quiso perderse la oportunidad de tomarse una foto testimonial del grupo, individual, por parejas, ahora con Pedro, Oliverio, Raúl, Flavio, Jacinto, Nacho, Luisa, Rita y luego con Cliseria, Alfredo, Amalia, Ramiro, Elí, Silvino, Eliseo y Manuel. Después de 46 años transcurridos, estas fotografías quedarán congeladas en el tiempo, las sonrisas de felicidad y el cerro puntiagudo fue testigo de este acontecimiento.
Entre cocos, comidas y cervezas se fue consumiendo la luz del día, de ese gran evento estudiantil, como en aquellos tiempos en que la nación dejaba atrás los años del presidencialismo militar y entraba a una fase de gobiernos civiles que prometían años de vacas gordas, pero siempre ejerciendo un poder cerrado, amparado en un partido único que combatía férreamente toda disidencia.
Así nuevamente fueron desfilando cada uno de los estudiantes rumbo a sus hogares, cargando su baúl de recuerdos, a los que se añadieron los momentos de ese día interminable.
Un suspiro al aire y un compromiso para que el próximo invierno, vuelvan juntos a hojear páginas de su historia, que no terminará mientras en cada uno de ellos sigan vivos esos recuerdos.
Pero hoy, enmarcado por la inocencia de una infancia extraviada en las calles empedradas del querido terruño de San Luis Acatlán, entre amigos y compañeros, felizmente quedarán grabadas por siempre en lo más profundo de su patrimonio, estos momento vividos, incomparables, invaluables, que cabalgarán eternamente en sus corazones.
Por RUBICELA Prudente
San Luis Acatlán, Gro.
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